Thaïs es una ópera compuesta por Jules Massenet (1842-1912), sobre un libreto del francés Louis Gallet basado en la novela Thais de Anatole France, basada a su vez en la Thais histórica.
Fue compuesta para lucimiento de la diva estadounidense Sybil Sanderson y estrenada en París, en 1894.
La diva Mary Garden conoció gran fama en el personaje, estrenándolo en Nueva York (en la Manhattan Opera House), en 1907.
En el Teatro Colón (Buenos Aires) fue estrenada en 1911 por Adelina Agostinelli, y repetida en 1918 por Marcel Journet y Ninon Vallin, que regresó al mismo papel en 1923 y 1925. Retornó al coliseo porteño en 1927, 1929 y 1952.
En el Metropolitan Opera de Nueva York la estrenó Geraldine Farrar con Pasquale Amato en 1917, repitiéndola en las temporadas sucesivas. En 1922, la encarnó Maria Jeritza en varias temporadas, y luego Helen Jepson. Reapareció en el repertorio en 1978 para Beverly Sills y Sherrill Milnes en producción de Tito Capobianco. En 2008, fue nuevamente llevada a escena para Renée Fleming en producción de John Cox.
El momento más conocido de la ópera es la meditación, que forma parte del repertorio estándar de violín.
Recientemente, ha obtenido excelentes críticas la grabación y actuación hechas por la soprano estadounidense Renée Fleming.
Acto I
Escena 1
Un grupo de monjes marchan a sus tareas diarias. Athanaël, el más
rigurosamente ascético de todos ellos, entra y confiesa al monje más
anciano, Palemon, que se siente perturbado por una serie de visiones
sobre una cortesana y sacerdotisa de Venus llamada Thaïs, a la cual vio
hace muchos años atrás en su ciudad natal de Alejandría. Creyendo esas
visiones como una señal de Dios, él decide, desoyendo el consejo de
Palemon, retornar a Alejandría, para convertir a Thaïs al Cristianismo, y
convencerla para que ingrese en un convento.
Escena 2
Athanaël llega a Alejandría y visita a su viejo amigo Nicias, un rico
hedonista. Nicias lo recibe con los brazos abiertos y le confiesa ser
el amante de Thaïs. Tras escuchar el plan de Athanaël, se ríe y advierte
que la venganza de Venus podría ser terrible. Sin embargo, manda traer
unos ropajes para vestir a su amigo y prepararlo para el festín de esa
noche al que asistirá Thaïs. Sus esclavos, Crobyle y Myrtale, visten a
Athanaël y se burlan de su mojigatería.
El festín comienza. Thaïs llega y canta un triste dúo de amor con
Nicias: Es su última noche juntos. Ella le pregunta sobre quién es
Athanaël, al cual escuchó por casualidad, Nicias comenta que él ha
venido a enseñarle a "despreciar la carne y amar el dolor". No
interesada en su proposición, ella ofende su sentido del decoro con una
seductora canción. Él se marcha furioso, prometiendo volver más tarde.
Ella se burla con una última réplica: "¡Te desafío a venir, aquel quien
desobedece a Venus!"
Acto II
Escena 1
Cansada por el festín, Thaïs expresa su insatisfacción por su vida
vacía y piensa en el hecho de que un día, la vejez destruirá su belleza.
Durante ese momento de debilidad, Athanaël entra y pide a Dios que
esconda su belleza ante él. Él le dice que la ama de acuerdo a la
enseñanza de "más por el espíritu que por la carne", que ese es un amor
por siempre eterno. Pronto sucumbe ante sus encantos físicos, pero
triunfa al explicarle que si se convierte, ganará la vida eterna. Ella
cae rendida ante su elocuencia, pero se reafirma en su visión nihilista
del mundo y lo aparta de sí. A solas, medita largamente y cambia de
opinión.
Escena 2
Thaïs se ha unido a Athanaël y decide seguirlo por el desierto. Él le
ordena quemar su casa y posesiones para borrar todo rastro de su
maldito pasado. Ella asiente, pero pregunta si puede conservar una
estatuilla de Eros, el dios del amor, explicando a Athanaël que pecó
contra el amor no a través de él. Sin embargo, al oír que Nicias se la
regaló, Athanaël le obliga a que la destruya. Nicias aparece con un
grupo de juerguistas, descubriendo a Athanaël llevándose a Thaïs.
Enfurecidos, comienzan a apedrearlos. Aunque Nicias está estupefacto
ante la marcha de Thaïs, la respeta y lanza puñados de monedas para
distraer a la gente. Thaïs y Athanaël escapan.
Acto III
Escena 1
Thaïs y Athanaël atraviesan el desierto. Thaïs está exhausta, pero
Athanaël la obliga a seguir caminando como penitencia por sus pecados.
Llegan a un manantial, donde Athanaël comienza a sentir compasión por
ella más que aversión; entre ellos empiezan a compartir un sentimiento
idílico, rozando el amor platónico. Al poco tiempo, llegan al convento
donde Thaïs debe quedarse. Dejándola bajo los cuidados de la Madre
Superiora Albine, Athanaël comprende que ha terminado su misión, y que
nunca la volverá a ver.
Escena 2
Los monjes expresan su preocupación con respecto al comportamiento
antisocial y huraño de Athanaël desde su llegada de Alejandría. Athanaël
entra y confiesa a Palemon que ha empezado a sentir deseos sexuales por
Thaïs. Palemon lo reprende por haber intentado convertirla. Athanaël
cae en un sueño depresivo y tiene una visión erótica de Thaïs. Trata de
alcanzarla, pero lo esquiva burlonamente. Luego una segunda visión le
dice que Thaïs está muriéndose.
Escena 3
Sintiendo que su existencia está vacía sin ella, reniega de sus votos
y marcha a buscarla. Llega al convento y la encuentra en su lecho de
muerte. Le confiesa que todas sus enseñanzas son mentiras, "nada es tan
verdadero como la vida y el amor de los hombres", y que la ama. Sin
darse cuenta de ello, le describe que ve las puertas del cielo abrirse y
a los ángeles acogiéndola en su seno. Ella muere, y Athanaël se sume en
un profundo dolor.
Escuchamos la versión grabada en 2000 con Renée Fleming, Thomas Hampson y Giuseppe Sabatini con la Orquesta Nacional de Burdeos-Aquitania dirigidos por Yves Abel.
Andrea Chénier (título original en italiano; en español, André Chenier, nombre de su protagonista) es un drama de ambiente histórico en cuatro actos con música de Umberto Giordano (1867-1948) y libreto en italiano de Luigi Illica, basado libremente en la vida del poeta francés André Chénier (1762-1794), quien fue ejecutado durante la Revolución Francesa. Esta ópera verista fue estrenada en La Scala de Milán el 28 de marzo de 1896. En España se estrenó el 12 de noviembre de 1898, en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona. Es la ópera más famosa de Giordano y, junto con Fedora, aún hoy está en el repertorio.
Durante la primera mitad del siglo XX
fue producida con cierta frecuencia y entró en el repertorio operístico
estándar. Una de las razones que contribuyó a su popularidad fue la
espléndida música lírico-dramática del tenor principal, que provee a un
cantante con talento muchas oportunidades para lucirse en escena. De
hecho, el triunfo de Giuseppe Borgatti en el rol titular en la primera
representación inmediatamente lo puso entre los tenores italianos de
primera fila. Borgatti se convertiría en el más grande tenor wagneriano de Italia, más que un especialista en música verista. Andrea Chénier sigue siendo popular entre el público, pero no está entre las óperas más representadas en la actualidad.
La obra se estrenó en el Teatro alla Scala, Milán, el 28 de marzo de 1896 con Evelina Carrera, Giuseppe Borgatti (quien reemplazó a Alfonso Garulli a última hora) y Mario Sammarco en los papeles principales de soprano, tenor y barítono respectivamente. El director de orquesta fue Rodolfo Ferrari.
Otros destacados estrenos fueron los de Nueva York en la Academia de Música el 13 de noviembre de 1896; en Hamburgo el 3 de febrero de 1897 bajo la batuta de Gustav Mahler; y en el Teatro Camden de Londres el 16 de abril de 1903 (cantado en inglés).
Aparte de Borgatti, otros famosos Cheniers en la época entre el estreno de la ópera y el estallido de la Segunda Guerra Mundial fueron Francesco Tamagno (quien estudió la obra con Giordano), Giovanni Zenatello, Giovanni Martinelli, Aureliano Pertile, Francesco Merli, Beniamino Gigli, Giacomo Lauri-Volpi y Antonio Cortis. Enrico Caruso
también dio unas pocas representaciones como Chénier en Londres en
1907. Todos estos tenores con la excepción de Borgatti dejaron
grabaciones en 78-rpm de uno o más de los solos destacados.
En la postguerra, Franco Corelli, Richard Tucker y Mario del Monaco fueron sin duda los más famosos intérpretes del rol titular durante los cincuenta y los sesenta, mientras que Plácido Domingo se convirtió en su intérprete más destacado entre la siguiente generación de tenores, aunque Luciano Pavarotti, contemporáneo de Domingo, también lo cantó con éxito y grabó la obra.
Acto I
Baile de la condesa de Coigny
La Revolución Francesa está ya a las puertas, pero la nobleza francesa sigue una existencia despreocupada. La condesa
de Coigny da una fiesta en su castillo. Los sirvientes preparan el
baile. Entre ellos está Gérard, que se llena de indignación viendo a su
padre envejecido que sufre como resultado de años largos de trabajo
abusivo para los aristócratas. Cuando los invitados llegan, una típica
corte pastoral con coro del siglo XVIII, vestidos como pastores, canta una idealizada música rústica y el ballet
representa una historia de amor rural, a la manera majestuosa de la
corte. Entre los invitados se cuenta el popular poeta Andrea Chénier.
Cuando la condesa le pide improvisar él se niega, pero cuando su hermosa
hija, Maddalena, se lo ruega él consiente. Maddalena, flirteando,
sugiere el tema "amor", pero él rápidamente lo olvida y canta sobre la
miseria y el sufrimiento de los pobres, lo que lleva a manifestarse
contra los que ostentan el poder en la iglesia y el estado. Maddalena
critica a Chénier que no escriba poesía a la moda. El joven defiende con
vigor sus ideales contra las costumbres corruptas de la época, que
están llevando a la sociedad a la ruina. Mientras tanto suplica a
Maddalena, cuya juventud lo ha afectado, de tener mayor atención por un
sentimiento gentil como el amor, caído en el desprecio de la sociedad.
Maddalena, afectada por las palabras de Chénier, se excusa con el joven.
Con excepción de Maddalena, los privilegiados invitados del baile se
sienten ofendidos por los ideales sociales y las creencias de Chénier.
Gérard aparece liderando un grupo de hombres y mujeres humildes. La
condesa critica a su sirviente, que desdeñoso rompe su librea y se aleja
con sus amigos pobres. La fiesta se reemprende y los invitados se
lanzan a una gavota. Ultrajado, Chénier sigue a Gérard y los pobres.
Acto II
En París cerca del puente Peronnet. Estamos en el período del Terror y ruge Robespierre.
Chénier es ahora un revolucionario. Una dama desconocida le escribe
pidiendo protección. Se trata de Maddalena di Coigny, cuya madre han
asesinado los revolucionarios, y que se ve obligada a vivir escondida,
reducida a la pobreza. Se presta a ayudarla la sirvienta mulata Bersi
que para mantenerse a ella misma y a su ama, ejerce la prostitución.
Gérard se ha convertido en un jefe de la revolución. A Chénier lo
invita, su amigo Roucher, a partir para evitar ser capturado por los
revolucionarios, pero el joven quiere primero conocer a la misteriosa
dama de las cartas. Una tarde, cerca del puente, los dos jóvenes se
encuentran y Chénier reconoce pronto a Maddalena; la otrora joven de la
fiesta está profundamente transformada. Entre los dos estalla de repente
el amor del que disfrutan brevemente. De repente, advertido por
"Increíble", irrumpe Gérard, aún enamorado de Maddalena. Entre ellos y
Chénier se desencadena un duelo a espada, mientras Maddalena huye.
Chénier hiere gravemente a su rival Gérard; este, por amor a Maddalena y
creyendo que se muere, aconseja a su adversario que huya con la dama a
la que ama, ya que los revolucionarios lo buscan. Al pueblo que acude
declara que no conoce al hombre que lo ha herido.
Acto III
El tribunal revolucionario
Francia necesita soldados y dinero. Gérard se ha recuperado y preside
un tribunal revolucionario. Una vieja del pueblo ciega, Madelon, ofrece
a la patria su único sobrino de 15 años. El espía "Increíble" anuncia
el arresto de Chénier por atreverse a criticar la crueldad del poderoso
líder revolucionario Robespierre.
Es una excelente oportunidad para eliminar a su rival, y poniendo su
firma en el fatal documento, riéndose se pregunta: "Nemico della
patria?" ("¿Un enemigo de su país?") Sabe bien que es un cargo habitual
contra el enemigo personal de uno. Aun así, vacila por un momento
recordando que fue un inspirado verso de Chénier el que despertó su
patriotismo por vez primera. Y ahora para satisfacer sus pasiones es
capaz de sacrificar a un amigo. La lucha entre el honor y el deseo se
expresa maravillosamente en la música, la orquesta cita sugerentemente
un trozo de la Marsellesa. Finalmente triunfa el deseo, y Gérard firma con un gesto de cinismo.
Apresurado ante el tribunal, Chénier, vehemente, aboga por sí mismo,
diciendo que él, un soldado, luchó por su país, y si debe morir, quiere
morir luchando por él y no ejecutado vergonzosamente. Maddalena, cuya
madre ya ha muerto, aparece en escena. Se ofrece ella misma a Gérard con
tal de salvar la vida de Chénier. En el momento en que Gérard intenta
forzarla para que quererle, Maddalena lo evita narrando
sus terribles desventuras y como el amor la salvó; tras ese momento
Gérard aboga por el poeta, pero ya es demasiado tarde, la muchedumbre
está sedienta de sangre. Maddalena confusa entre la gente llora
amargamente.
Acto IV
Prisión de St. Lazare
Confinado en la triste prisión de St. Lazare, Chénier espera su
ejecución, ayudado por su amigo Roucher. Pasa el tiempo escribiendo
versos expresando su fe en la verdad y la belleza. Mientras tanto,
Maddalena soborna para entrar en la prisión. Gérard accede a llevarla a
ver a Chénier. Los enamorados tienen un breve momento tierno antes de
hacer una última apelación fallida a Robespierre. Al amanecer, cuando
los soldados van a llevarse a los condenados, Maddalena se cambia por
una prisionera, Idia Legrey, entregándole su salvoconducto. Toma así su
puesto en la carreta al lado del hombre que ama. Los dos amantes se
enfrentan serenos a la muerte, llevados por el éxtasis de su amor. En un
ángulo, Gérard llora amargas lágrimas.
Vemos la versión interpretada en 1981 por Plácido Domingo, Gabriela Benackova y Piero Cappuccilli con el Coro y la Orquesta de la Ópera Estatal de Viena dirigidos por Nello Santi.
Jaume Aragall Garriga (Barcelona, 6 de junio de 1939) es un tenor español.
Inició sus estudios musicales en Barcelona junto a Jaime Francisco Puig. Más tarde se trasladó a Milán gracias una beca concedida por el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Ahí estudió junto a Vladimir Badiali.
En 1963 ganó el concurso de voces verdianas de Busseto y ese mismo año debutó en Italia. Lo hizo en el escenario del Teatro de La Fenice de Venecia con la ópera Gerusalemme de Giuseppe Verdi. En la Scala de Milán debutó con L'amico Fritz de Mascagni. En enero de 1964 interpretó el papel de Rodolfo en La Bohème.
En las siguientes temporadas cantó en el Liceu, así como en la Ópera Estatal Húngara, La Fenice, Génova, en el Teatro Massimo de Palermo, el Teatro Regio de Parma, en Módena, Nápoles, Roma y Turín.
En 1966 interpretó el papel de Romeo de la ópera de Vincenzo Bellini I Capuleti e i Montecchi en La Scala junto a Renata Scotto y un joven Luciano Pavarotti.
Aragall ha actuado en los teatros más importantes del mundo
interpretando las óperas más conocidas. Su repertorio incluye también
algunas obras menos populares como Esclarmonde de Jules Massenet o Caterina Cornaro de Gaetano Donizetti que ha grabado junto a Montserrat Caballé.
Ha recibido numerosos premios y distinciones, como el título de Kammersänger de la Wiener Staatsoper, el Premi Creu de Sant Jordi (1984) y la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya en 1997.
Leopoldine "Leonie" Rysanek (Viena, 14 de noviembre de 1926 – 7 de marzo de 1998) fue una soprano lírico-dramática austríaca que descolló en óperas de Richard Wagner, Giuseppe Verdi y Richard Strauss.
De padre checo y madre austríaca, nació en Viena
en una familia de seis hermanos, su hermano Kurt fue barítono y su
hermana, la soprano Lotte Rysanek formó parte del elenco de la Ópera Estatal de Viena, compañía donde Leonie llegó a cantar 532 representaciones.
Estudió con Alfred Jerger y Rudolf Grossmann con quien se casó. Habiendo debutado en la Opera de Innsbruck en 1949 como Agathe en Der Freischütz de Carl Maria von Weber, su consagración llegó en 1951 como Siglinda durante las primeras representaciones de posguerra en el Festival de Bayreuth de La Valquiria (Die Walküre) en la tetralogía El anillo de los Nibelungos (Der Ring des Nibelungen) dirigida por Herbert von Karajan, papel con el que sería particularmente asociada a lo largo de una extensa carrera que abarcó casi medio siglo.
Rysanek perteneció al extraordinario grupo de cantantes, entre otros Birgit Nilsson, Astrid Varnay, Martha Mödl, Régine Crespin, James King, Wolfgang Windgassen, Hans Hotter, Ludwig Weber, Gustav Neidlinger y Hermann Uhde, que revitalizaron el festival wagneriano de Bayreuth bajo el liderazgo de Wieland Wagner, nieto del compositor, en lo que se dio en llamar El Nuevo Bayreuth. En ese recinto se sucedieron otros personajes de la categoría (o Fach) "joven dramática": Senta en El holandés errante, Elisabeth en Tannhäuser y Elsa en Lohengrin.
En 1959 debutó en el Metropolitan Opera como Lady Macbeth en Macbeth de Verdi reemplazando a Maria Callas que había sido despedida por Rudolf Bing,
entonces director del teatro. Rápidamente se convirtió en favorita de
la audiencia neoyorquina, donde cantó 299 funciones en 24 papeles a lo
largo de 37 años, protagonizando los estrenos de Macbeth, Nabucco, Ariadne auf Naxos, Die Frau ohne Schatten, y como Kabanicha en Katia Kabanová de Leoš Janáček. En 1983 celebró su cuarto de siglo con ese teatro coincidiendo con el centenario del mismo en un concierto con escenas de La Valquiria y Parsifal dirigido por James Levine. Cuando se despidió del Met en 1996, en el breve papel de la Condesa de La dama de picas de Chaicovski, el público le obsequió una ovación de cuarenta minutos.
Poseedora de una voz de inmenso caudal que no siempre lograba dominar
(lapsos en la afinación y en los ataques eran algunas de las fallas más
cuestionadas) indudablemente fue una de las mejores cantantes-actrices
de la segunda mitad del siglo XX. Su magnetismo escénico, instinto
teatral, intensidad y entrega provocaban una fervorosa adhesión del
público. Para preservar su longevidad vocal se mantuvo lejos de las
vocalmente agotadoras Isolda (Tristan und Isolde) y Brunilda (La Valquiria) de Richard Wagner, aunque siguió interpretando otras heroínas como Siglinda, la Emperatriz, Salomé y Chrysotemis durante décadas.
Destacó en ópera italiana, especialmente en obras de Verdi, donde se la recuerda como Amelia (Un ballo in maschera), Desdémona (Otello), Abigail (Nabucco), Elisabetta di Valois (Don Carlo), Leonora (La forza del destino) y Aida. Fue una famosa Tosca de Puccini y sólo cantó Turandot una temporada en la Ópera de San Francisco, donde hizo su debut americano en 1956 como Senta.
No obstante, las óperas de Richard Strauss le aseguran un sitio de
honor en la historia de la lírica. Guiada por su mentor artístico, el
director austríaco Karl Böhm fue insuperable Emperatriz en Die Frau ohne Schatten, Ariadna (Ariadne auf Naxos), la Mariscala (El caballero de la rosa), Salomé, Helena (La Egipcíaca Helena), Danae (El amor de Danae) y especialmente Chrysotemis en Elektra.
Con el transcurso del tiempo, Rysanek fue la única cantante que abordó
los tres protagónicos femeninos de esa ópera: Chrysotemis, Klytämnestra
y, persuadida por Böhm, el rol titular de Elektra para el film de Götz Friedrich que sirvió de testamento artístico al director en 1982.
Otros roles destacados fueron Leonore (Fidelio), Medea (Cherubini), Dalibor (Bedřich Smetana), La Gioconda (Ponchielli), Santuzza (Cavalleria Rusticana), Tatyana (Eugene Onegin) y Donna Anna (Don Giovanni) de Mozart.
Hacia el final de su carrera se dedicó a papeles de mezzosoprano que requerían de sus notables dotes histriónicas: Herodías (Salomé), Klytämnestra (Elektra), La Condesa (La dama de picas), Kostelnička (Jenůfa de Leoš Janáček), retornando al repertorio wagneriano con memorables Kundry (Parsifal) y Ortrud (Lohengrin).
Debutó tardíamente en el Teatro Colón de Buenos Aires en 1995 como Klytämnestra, junto a la Elektra de Hildegard Behrens.
Se despidió del público en agosto de 1996 en el Festival de Salzburgo como Klytämnestra en Elektra.
A su retiro fue nombrada curadora del Festival de Viena pero,
diagnosticada con cáncer óseo, falleció a los pocos meses de asumir el
cargo. Divorciada de Grossmann, Rysanek estaba casada con Ernst-Ludwig
Gausmann desde hacía treinta años.
Documental sobre Leonie Rysanek:
Como Sieglinde con Ludwig Suthaus dirigidos por Wilhelm Furtwängler: