La Sinfonía n.º 39 en mi bemol mayor, K. 543, es una de las últimas sinfonías de Wolfgang Amadeus Mozart. Mozart finalizó su composición el 26 de junio de 1788 en un verano en el que compondría también sus dos últimas sinfonías: la n.º 40 (25 de julio), y la n.º 41 (10 de agosto).
Como ya se ha comentado, la Sinfonía n.º 39 es la primera de un conjunto formado por las tres
últimas sinfonías de Mozart, que compuso muy rápidamente a lo largo del
verano de 1788. En la misma época, Mozart estaba escribiendo sus tríos para piano en las tonalidades de mi y do, su sonata fácil y una sonatina para violines. El biógrafo de Mozart, Alfred Einstein, ha sugerido que Mozart tuvo como modelo la Sinfonía n.º 26 de Michael Haydn, escrita en la misma tonalidad.
Como también pasa con la Sinfonía n.º 40 y la n.º 41, no existe ninguna prueba documental sólida que confirme que la Sinfonía n.º 39 se estrenó en vida de Mozart. Aun así, como señala Zaslaw (1983), las evidencias circunstanciales parecen indicar que podría ser que sí. En 1791, en Viena, hubo un concierto con música de Mozart, y la orquesta incluía a los hermanos clarinetistas Johann y Anton Stadler y, como Zaslaw señala, esta distribución limita las posibilidades sólo a la Sinfonía n.º 39 y a la n.º 40.
Sus movimientos son:
I. Adagio - Allegro.
El primer movimiento empieza con una introducción majestuosa (Adagio) con unas fanfarrias a cargo de la sección del metal. A continuación viene un Allegro en forma sonata, con algunos contrastes muy marcados de intensidad, muy en el estilo galante
que forma parte de sus primeras sinfonías. La independencia de la
sección de viento, la gran interacción de las partes en general, y el
hecho de que el segundo tema en aquellas sinfonías tempranas era,
parafraseando a Alfred Einstein, "siempre completamente trivial" -que no
es el caso de la n.º 39-, se combina con el segundo grupo que contiene unos cuantos temas,
incluyendo un "tema que camina", especialmente adecuado. Estos son sólo
algunos de los puntos que distinguen este movimiento de aquellas obras
de juventud, con las que tiene más diferencias que similitudes.
II. Andante con moto.
El movimiento lento, en la forma sonata
abreviada, es decir, sin la sección del desarrollo, empieza
silenciosamente en la sección de cuerda y se expande al resto de la orquesta. Caracteriza a este movimiento el material principal y las transiciones bastante agitadas y enérgicas. La comparación con la quinta sinfonía de Franz Schubert sugiere que podría haber tenido esta sinfonía de Mozart como referente.
III. Menuetto: Trío.
El minueto y el trío son muy interesantes. El trío es una danza folclórica austríaca denominada "landler" y presenta un solo de clarinete. El Menuetto es enérgico es incitado por el carácter del trío con el segundo clarinete que toca arpegios en su registro grave, el de chalumeau.
IV. Allegro.
El movimiento final también sigue la forma sonata; el tema principal del cual, como en el último Quinteto de cuerda en re, es básicamente una escala, ascendiendo y descendiendo. La sección del desarrollo es dramática; no hay ninguna coda, pero tanto la exposición, como el desarrollo en la parte final de la recapitulación, son repetitivos.
Escuchamos la versión de la Orquesta de Cámara de Europa dirigida por Nikolaus Harnoncourt en 1992.
La Sinfonía n.º 1 en Si bemol menor del compositor inglés William Walton fue encargada por Hamilton Harty, y completada en 1935. La primera interpretación completa de la sinfonía tuvo lugar de la mano de Harty y la Orquesta Sinfónica de la BBC el 6 de noviembre del mismo año, si bien en diciembre de 1934 ya había sido estrenada de la mano de Harty y la Orquesta Sinfónica de Londres en sus tres primeros movimientos, mientras Walton componía el cuarto y último movimiento.
La obra consta de cuatro movimientos:
Allegro assai
Scherzo: Presto con malizia
Andante con malinconia
Maestoso – Allegro, brioso ed ardentemente – Vivacissimo – Maestoso
Está compuesta para una orquesta sinfónica, y en concreto: 2 flautas,
2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas, 3 trompetas, 3 trombones,
tuba, 2 timbales, 2 percusionistas y cuerda.
La sinfonía tuvo una génesis inusual: Walton estaba viviendo una
problemática relación con Imma von Doernberg, quien finalmente le
abandonó por el médico húngaro Tibor Csato. Las turbulentas emociones y
la energía de alto voltaje de la sinfonía fueron el fruto de los sucesos
que rodearon su concepción, con un elocuente y dramático primer
movimiento, un picante y malicioso Scherzo y un profundamente
melancólico movimiento lento. Pero el final es totalmente diferente
visto en perspectiva, siendo casi elgariano en su aspecto ceremonial, sin olvidar las claras referencias a Paul Hindemith.
Este contraste se explica por el hecho de que Walton inició una nueva
relación con Alice Wimborne, que le proporcionó el ímpetu musical y la
inspiración para el último movimiento, si bien la sinfonía en su
conjunto seguía estando dedicada a Imma von Doernberg.
En términos musicales, esta es una de las obras cumbre de la
composición inglesa, y representa a su vez la cumbre de la labor
sinfónica de Walton. Los dos compositores más populares en la Inglaterra de los años 30 eran Beethoven y Sibelius. Walton compone inteligentemente en ambos registros: el primer movimiento está compuesto en una beethoveniana forma de sonata, y los procedimientos de desarrollo derivan claramente de Beethoven. Pero alrededor de esta columna vertebral, el movimiento está plagado de pequeños motivos cercanos al estilo de Sibelius
(como, por ejemplo, la llamada inicial de la trompa), caminando ambos
aspectos juntos a lo largo del movimiento. El rigor temático y rompedor
poder emocional de este primer movimiento y de la sinfonía al completo
pueden ser atribuidos a este método único de construcción musical.
Escuchamos el primer movimiento de la sinfonía en la versión de Andrew Litton dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Bournemouth en 1996.
El Concierto para violín en mi menor, Op. 64 es la última gran obra orquestal del compositor alemán Felix Mendelssohn. Forma una importante parte del repertorio de violín y es uno de los conciertos para ese instrumento más populares y más interpretados de todos los tiempos. Una interpretación estándar tiene una duración de casi media hora.
La obra es uno de los primeros conciertos para violín del Romanticismo e influyó en las obras de varios compositores. A pesar de que el concierto consta de tres movimientos
en la estructura típica rápido-lento-rápido y cada movimiento sigue la
forma tradicional, la obra era innovadora e incluía características
nuevas para la época. Como aspectos distintivos se destacan la entrada
inmediata del violín al comienzo y el enlace entre movimientos sin
solución de continuidad.
Tras su nombramiento en 1835 como director principal de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, Mendelssohn eligió a su amigo de la infancia Ferdinand David como concertino de la orquesta. Los orígenes de la obra proceden de la colaboración entre ambos.
El concierto tardó seis años en completarse. El estreno tuvo lugar en la Gewandhaus de Leipzig el 13 de marzo de 1845, interpretado por David y con la Orquesta de la Gewandhaus bajo la batuta del compositor danés Niels Gade, ya que Mendelssohn, se encontraba demasiado débil.
Sin embargo, el 23 de octubre del mismo año se volvió a interpretar el
concierto con un gran éxito, dirigido esta vez por el propio Mendelssohn
e interpretada de nuevo por David.
El concierto es innovador en varios aspectos. En el primer
movimiento, Mendelssohn se distancia de la forma típica del concierto
clásico de muchas maneras, como la entrada del solista casi desde el
principio, que también ocurre en su Primer concierto para piano.Aunque el primer movimiento está en su mayoría escrito en forma sonata,
Mendelssohn pone la interpretación del primer tema a cargo del violín
solista y luego por la orquesta. Los conciertos clásicos solían empezar
con una introducción orquestal seguidos de una versión de casi el mismo
material junto con el solista.
La cadenza es también novedosa al ser escrita como parte íntegra del concierto, y al localizarse antes de la recapitulación. Era habitual en un concierto clásico que la cadenza fuera improvisada
por el solista y solía ocurrir al final del movimiento, tras la
recapitulación y justo antes de la coda final.
Este concierto para violín sobresale respecto anteriores conciertos por la conexión entre los movimientos. No hay pausa entre el primero y segundo movimientos, con una nota del fagot mantenida entre los dos.
El pasaje que hace de puente entre los dos últimos movimientos empieza
justo después del final del movimiento lento. La melodía es similar a la
del principio, para recalcar la forma cíclica de la obra.
El enlace fue diseñado para eliminar los aplausos entre movimientos.
Esto supondría una sorpresa para la audiencia de Mendelssohn, que a
diferencia de la actualidad solía aplaudir entre movimientos.
El concierto además llama la atención por los largos periodos en los
que el solista realiza un mero acompañamiento para la orquesta, como por
ejemplo en los arpegios rebotados al principio de la recapitulación.
Esto también fue muy novedoso para un concierto para violín de esa
época.
Escuchamos la versión de Isaac Stern con Orquesta de Filadelfia dirigida por Eugene Ormandy en una grabación de 1958.
La Sinfonía n.º 38 en re mayor K. 504 de Wolfgang Amadeus Mozart es conocida como de Praga porque durante mucho tiempo se pensó que Mozart la había compuesto para su primera estancia en Praga, en enero de 1787. Según otra hipótesis, la composición habría sido independiente de este hecho, ya que la sinfonía data del 6 de diciembre de 1786, mientras que la invitación para Praga con el fin de dirigir una representación de Las bodas de Fígaro fue posterior. En cualquier caso, la primera ejecución pública tuvo lugar en Praga el 19 de enero de 1787 en el Teatro de la Ópera de Praga, en una sala abarrotada y con la calurosa acogida que Mozart esperaba de los praguenses.
La Praga es una sinfonía grandiosa, espumeante, de ritmo
persistente, cuya composición instrumental está repleta de
sorprendentes modulaciones. Con esta sinfonía Mozart pone fin a la época
de grandes trabajos de inspiración haydniana, y sienta las bases de sus
últimas composiciones, determinando el modelo al que se referiría más
tarde Beethoven, al comienzo de su desarrollo sinfónico.
Una característica de la sinfonía es la ausencia de minueto, que muchos atribuyeron al hecho de que en Praga, al contrario que en Viena, todavía se prefería la antigua forma en tres movimientos
y, por lo tanto, el hecho no puede interpretarse como elección estética
ni como un retorno a viejos modelos. En esta sinfonía no encontramos
nada deslumbrante, y la ausencia del minueto, la densidad expresiva y la
complejidad formal son las marcas de una obra en la que prevalece el aspecto íntimo y reflexivo.
El primer movimiento adagio-allegro nos transporta repentinamente a los vértices del arte mozartiano: tanto Niemetschek, en su biografía de Mozart de 1798, como el musicólogo contemporáneo H. C. Robbins Landon, en 1989, coinciden en utilizar el término "sublime" en referencia a esta sinfonía, una de las tres únicas del autor (junto con la n.º 36 y la n.º 39) que contiene una introducción lenta.
El segundo movimiento, andante,
tiene un carácter más cantable, aunque también fue compuesto a base de
pocas células básicas, en cierta medida afines a las ya utilizadas en el
allegro que cerraba el primer movimiento. La tensión se mantiene alta alternando elementos serenos y oscuros.
En el final Mozart retoma de forma melódica el elemento sincopado presente en el allegro inicial; no obstante, no se crean contrastes insuperables y el movimiento termina con toda la orquesta exultante.
Escuchamos la versión de la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Karl Böhm en 1979.