Doménikos Theotokópoulos: El caballero de la mano en el pecho (1580)
Fantasía para un gentilhombre es un concierto para guitarra y orquesta del compositor español Joaquín Rodrigo (1901-1999). Es su segundo concierto más popular, después del Concierto de Aranjuez.
Sus cuatro movimientos están basados en seis danzas cortas para guitarra solista del compositor español del siglo XVII Gaspar Sanz, tomadas de la obra conocida comúnmente como Instrucción demúsica sobre la guitarra española en tres volúmenes (1674, 1675, 1697). La mayor parte de los movimientos conservan los nombres originales de
Sanz. Rodrigo amplió los temas de Sanz para producir una obra de más de
20 minutos.
Rodrigo compuso el concierto en 1954 a petición del guitarrista Andrés Segovia, que era evidentemente el gentilhombre referido al título. Segovia interpretó la parte solista en el estreno de la pieza el 5 de marzo de 1958 en San Francisco.
El primer movimiento se abre con el melódico Villano con fases
entre el guitarra solista y la orquesta. El movimiento repite el tema
de Sanz muchas veces, variándolo de modo que nunca llegue a ser
repetitivo. Ésta es la misma forma de los otros movimientos de la obra.
El movimiento hace también alusión sutil a los otros temas usados en los movimientos subsecuentes. La segunda parte del primer movimiento, llamada Ricercare,
es una pieza corta en contraste con Villano y basada enteramente en una
frase de dos compases, repetida bajo la forma de una compleja fuga o ricercare.
El segundo movimiento vuelve a un tema más lírico con Españoleta, que tiene una melodía fascinante con un rico acompañamiento de cuerdas. La sección central de este movimiento, Fanfare de la Caballería de Nápoles, trae golpes rápidos, discordantes del tambor junto con el acompañamiento de la guitarra y fanfarrias espectrales de trompeta y flauta. El movimiento se concluye con una repetición de Españoleta.
El tercer movimiento, Danza de las Hachas, tiene un ritmo enérgico de danza, apoyado por un crescendo de la orquesta. Este vivo y corto movimiento es en realidad un interludio que enlaza la parte más melódica de la Fantasía con el más plano movimiento final.
Finalmente, el cuarto movimiento, Canario, trae música que Sanz escribió en el estilo de una danza popular de las Islas Canarias. Rodrigo hace un homenaje a los orígenes de esta música imitando una llamada de pájaro hacia el final del movimiento.
Escuchamos la versión de Pepe Romero a la guitarra con la Orquesta de la UNAM dirigida por Manuel Galduf en una grabación de 1996.
Hungaria, S.103 es un poema sinfónico compuesto por Franz Liszt en 1854. Es el número 9 de su ciclo de trece poemas sinfónicos escritos durante su periodo en Weimar.
El poema está basado en parte en la Marcha heroica al estilo húngaro para piano que escribió en 1840. Fue estrenada bajo la dirección de Liszt en el Teatro Nacional Húngaro de Budapest el 8 de septiembre de 1856, donde alcanzó un gran éxito. «Fue mejor que los aplausos», escribió el compositor más tarde. «Todos lloraron, tanto hombre como mujeres». Había recordado la escena del proverbio que decía «lágrimas de alegría para los húngaros». Hungaria no tiene programa y es considerada una Rapsodia húngara por una gran mayoría. Después de una corta introducción, marcada como Largo con duolo, el tema principal de la Marcha al estilo hungaro aparece en los clarinetes, fagotes y violas. Este tema y su continuación dominan la primera parte de la obra, aunque interrumpido en una ocasión por una cadenza para violín solista. Esta parte contiene las características estilísticas de los verbunkos (danza húngara del siglo XVIII) con secciones Largo con duolo alternando con un Andante marziale en un contraste de lassu y friss (tiempos lento y rápido de las csardas húngaras), ritmos acentuados formalmente y abundante ornamentación
violinística. La música incrementa en violencia hasta llegar finalmente
a un segundo tema. Una de las partes más típicas de esta obra es la marcha fúnebre basada en este segundo tema. Aquí, Liszt deseaba claramente simbolizar tanto el fracaso de la revuelta de Lajos Kossuth en la Revolución húngara de 1848
como la esperanza de que un día Hungría sería liberada por su propio
pueblo. La obra termina volviendo a referirse a ambos temas.
Escuchamos la versión de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig dirigida por Kurt Masur en una grabación de 1978.
Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel, op. 28 (título original en alemán Till Eulenspiegels lustige Streiche) es un poema sinfónico compuesto por Richard Strauss. El estreno tuvo lugar el 5 de noviembre de 1895 en Colonia bajo la batuta de Franz Wüllner. Más tarde el propio autor dirigió otra interpretación en Múnich el 29 de noviembre de 1895 y Hans Richter el estreno en Viena el 5 de enero de 1896. Se trata de una crónica de las desventuras y travesuras de Till Eulenspiegel, que era un héroe popular campesino del folklore del norte de Alemania y los Países Bajos. Los dos temas que representan a Till son interpretados por la trompa y el clarinete en re respectivamente. El tema de la trompa es una melodía cantarina que alcanza un clímax, cae hacia abajo y finaliza con tres notas largas y fuertes, cada vez más graves. El tema del clarinete es astuto y zalamero, lo cual sugiere a un embaucador haciendo lo que mejor sabe hacer.
La partitura
de esta obra es toda ella una puesta en escena: no hay una página que
no sea un bosquejo, una decoración, que no evoque una acción, que no
pinte uno o varios personajes. La propia partitura impresa recoge
indicaciones del compositor como la siguiente: «Érase una vez un bellaco idiota llamado Till Eulenspiegel. Era un pícaro malvado que disfrutaba inventando trucos nuevos.» Los violines frasean
la introducción del cuento, el «érase una vez», en el que el héroe no
tarda en presentarse. El tema de Till Eulenspiegel, que servirá de estribillo, se descompone en dos motivos principales que persisten bajo diversos aspectos en las mismas estrofas preservando de esta forma la unidad del discurso. En un rotundo fa mayor el primer motivo es expuesto en la trompa, en notas picadas y ligeramente cromatizadas, de peligrosa ejecución y temidas con justicia por los trompistas. La marcha rítmica, un poco claudicante, sugiere deformidad y sobre todo la desvergüenza del personaje. Se amplía este material temático en un accelerando de toda la orquesta, con un calderón que cierra el preámbulo. Surge entonces un nuevo y breve motivo tocado por el clarinete en re que es como una risa burlona o una pirueta gesticulante: «[...] un gnomo realmente malvado, a la espera de nuevos golpes». «¡Esperad un poco, hipócrita!» Till medita su primera hazaña y se oye un trémolo de las violas. Entonces se lanza entre las mujeres de un mercado esparciendo sus mercancías, expresado con un violento estallido de los platillos y algarabía orquestal, clarinete bajo y carraca en un ritmo galopante. Pero Till ha desaparecido ya: «Escondido en una madriguera de ratones» (fagot), prepara una nueva hazaña.
Disfrazado de pastor, «chorreando untuosidad y moralidad», arenga a
la masa: especie de aire popular en si bemol, sostenido por una retórica
un poco grandilocuente. «Al bribón se le ve la oreja» y tiene que
emprender la fuga. Pero es sacudido por un «estremecimiento, ya que se
ha burlado de la religión»: ¿premonición de su trágico fin? Cinco
violines dividos y las trompas con sordina expresan esta pasajera
emoción. En la nueva estrofa, nuevas provocaciones. Till ahora
convertido en seductor corteja a las muchachas bonitas: sorprendente cadenza
del violín solo, preludiando los arabescos del clarinete y del oboe.
Till «hace una petición de matrimonio» y es rechazado; el primer motivo
de su tema invertido en el bajo describe su despecho. El segundo motivo
se repite en trompetas y trombones clamando su furor. Calderón: Till
«jura saciar su venganza contra la humanidad». Caricaturizada por los
fagotes sobre un nuevo tema popular, se presenta la docta asamblea de
pedantes filisteos
ante la cual Till «desarrolla monstruosas tesis», sobre un material
melódico casi anodino, pero con un tratamiento refinado con la división
de la cuerda y de las maderas. Unos curiosos efectos de síncopa
discuten las aserciones de Till. Pero éste se ha escapado ya: «grandes
gesticulaciones» de las flautas y después «viva canción callejera»,
intencionadamente vulgar, que parece silbar Till. Y nuevas
extravagancias: desencadenado «reza obra vez la plegaria ante el pueblo
(motivo de la arenga ya escuchado)». Pero las amenazas se acumulan: la
trompa vuelve a exponer el primer motivo de Till con un extraño tono
maléfico que parece aludir a su destino. Se prepara una venganza
colectiva, mientras la tensa orquesta se concentra en un tutti que recapitula el rondó, desembocando en un fortissimo y sobre un redoble de percusión que anuncia la horca, la gente detiene a Till y lo conduce ante un tribunal.
En el último episodio con los jueces y su pompa se escuchan sombríos acordes de los trombones, mientras Till se esfuerza por hacerles frente con su segundo motivo en el clarinete.
Se suceden las sentencias y las protestas de Till, pero la sentencia
definitiva es pronunciada por trompas, trombones y fagotes en su registro grave. Lúgubres acordes sobre un implacable intervalo de séptima (fa-sol bemol) pronuncian la condena a muerte. El tema de Till se desagarra sobre los trinos de las flautas y Till es colgado. Silencio. En el epílogo se repite la frase
introductoria seguida de una última evocación emocionada del recuerdo
del héroe en el clarinete y el clarinete bajo. Los breves compases de la
coda con la orquesta completa proclaman la apoteosis de lo que siempre estará vivo, la inmortal alegría de Till Eulenspiegel.
Este maravilloso cuento musical es un modelo de la obra de orquesta con programa.
Cuenta con una sucesión de imágenes sonoras diversas, pero no
desperdigadas gracias a la profunda unidad del total y al excepcional
sentido de la dramatización. La plasticidad de una orquesta de efectivos
bastante considerables sin llegar a ser excesivos, que se muestra llena
de virtuosismo. Su duración es de unos quinte minutos, siendo el poema sinfónico más corto de Richard Strauss. En resumen, se trata según el mismo Strauss de un rápido y delicioso cuarto de hora «con la intención de divertirse bien por una vez en una sala de conciertos». Según Debussy, esta pieza se parece a «una
hora de música nueva en la casa de locos: clarinetes que describen
trayectorias dementes, trompetas que siempre están con la sordina puesta
y trompas que para prevenir un latente estornudo se apresuran a
responder respetuosamente ¡Jesús! Tenemos ganas de estallar de risa o de
gritar hasta morir y uno se asombra de volver a encontrar las cosas en
su sitio.»
Escuchamos la versión de Lorin Maazel dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de la Radiodifusión Bávara en una grabación de 1999.
La Sinfonía n.º 1 en do mayor, op. 21, es la primera de las nueve sinfonías de Ludwig van Beethoven. Fue compuesta en Viena entre los años 1799 y 1800 y fue dedicada al barón Van Swieten, melómano y amigo de Wolfgang Amadeus Mozart.
Está escrita para una orquesta formada por cuerdas, dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas y percusión.
Se estrenó el 2 de abril de 1800 en el Burgtheater de Viena. A pesar de que tiene una estructura muy clásica, la obra fue criticada por su aspecto innovador: la obertura no comenzaba con la tonalidad principal (do mayor), tenía numerosas modulaciones, el tercer movimiento (falsamente titulado Menuetto) era demasiado rápido, etc. Se le achacaban demasiadas similitudes con la Sinfonía n.º 41 (Júpiter) de Mozart o con otras sinfonías de Haydn.
La Primera sinfonía es de alguna manera una introducción a todo
lo que escribirá Beethoven más tarde: explora en efecto numerosos
horizontes a menudo contrastados. Así, se define sucesivamente como
lírica y serena (en los dos últimos movimientos), sombría y apasionada
(en la introducción lenta), tensa y dramática (en la Allegro inicial), y
con patetismo (en el movimiento lento). Parece por otro lado ser una
premonición de los movimientos lentos de las sinfonías Tercera y
Séptima. Para el final se inspiró en Haydn,
cuya influencia se hace más evidente en las ejecuciones rápidas; de
hecho, el movimiento más innovador de esta obra es el tercero, que es un
scherzo, vivo y ligero, el cual usaría Beethoven de ahí en adelante en lugar del minueto tradicional.
Tiene cuatro movimientos:
Adagio molto. Allegro con brio
Andante cantabile con moto
Menuetto – Allegro molto e vivace
Finale – Adagio, allegro molto e vivace
Escuchamos la versión de la Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Georg Solti en una grabación de 1978.