martes, 17 de febrero de 2026

Los carboneros (1877). Mariano Pina y Francisco A. Barbieri

Los Carboneros es una zarzuela en un acto y en prosa, que cuenta con el libreto de Mariano Pina y la música del reconocido compositor Francisco A. Barbieri. Esta obra fue estrenada en el Teatro de la Comedia de Madrid el 21 de diciembre de 1877, situando su acción en el Madrid de la época actual de su estreno para retratar las costumbres de las clases populares.

Con regular éxito, debido principalmente a la agradable música del maestro Barbieri, se estreno anoche en el Teatro de la Comedia, la zarzuela en un acto, arreglo del Sr. Pina padre, titulada Los carboneros. Al terminar la obra, fueron llamados los autores al palco escénico, pero no se presentaron. La señorita Ballesteros tuvo que repetir unas precioses seguidillas, que cantó con suma gracia. (El Imparcial, 22 de diciembre de 1877)

La trama se desarrolla íntegramente en el recibimiento de un Juzgado municipal, un espacio decorado con edictos y mobiliario de oficina donde Elías, un escribiente, intenta almorzar a las tres de la tarde tras una jornada agotadora. Sus esfuerzos por comer se ven interrumpidos constantemente por la llegada de ciudadanos que buscan resolver sus rencillas ante la justicia.

El conflicto central lo protagonizan Onofre Fogones y Simona Parrales, dos carboneros que aparecen inicialmente cubiertos de tizne y enzarzados en una fuerte discusión. Simona acusa a Onofre de haberle propinado una bofetada, mientras que él defiende que solo fue un "cachete" motivado por los insultos de ella y por la rivalidad comercial que mantienen en la calle del Bonetillo.

La disputa comercial tiene una raíz musical, pues Simona ha logrado arrebatarle los clientes a Onofre gracias a su amabilidad y a las seguidillas manchegas que canta en su establecimiento. Para que el escribiente pueda juzgar la situación, Simona interpreta una de sus coplas, demostrando cómo su "trapío" y salero son las herramientas que han "encandilado" al vecindario y enfurecido a su competidor.

Como subtrama, la obra presenta a Torcuata y Saturio (alias "El Garduño"), una pareja que llega al juzgado debido a que él ha empeñado unos pendientes de esmeraldas que no le pertenecían. Esta escena sirve para mostrar el habla popular madrileña, llena de términos mal utilizados por Saturio, quien finalmente logra reconciliarse con Torcuata tras prometerle una comida en casa de Botín.

El clímax de la zarzuela ocurre cuando Onofre y Simona regresan al juzgado tras haberse lavado la cara y vestido con sus mejores galas para causar buena impresión al juez. Al estar limpios, no se reconocen entre sí y comienzan un flirteo galante; Onofre queda fascinado por la "señora" que tiene delante y ella por la aparente distinción del "ingeniero", llegando incluso a abrazarse apasionadamente.

Finalmente, al descubrir sus verdaderas identidades, el odio se transforma definitivamente en amor y deciden que la mejor forma de terminar su pleito es contrayendo matrimonio. La obra concluye con la alegría de los novios, quienes piden al escribiente los documentos necesarios para la boda, cerrando así un expediente judicial con un final feliz y festivo.

Los Carboneros es una pieza breve que destaca por la habilidad de Barbieri para elevar escenas de la vida cotidiana madrileña mediante el uso de ritmos populares como las manchegas y las seguidillas. Aunque el argumento se basa en un equívoco sencillo y previsible —la falta de reconocimiento tras el aseo—, la obra funciona gracias al ingenio de los diálogos y a la representación de arquetipos sociales de la época. Es una muestra del "género chico" que, sin grandes pretensiones, logra una crítica amable a la competitividad comercial y celebra la reconciliación a través del humor.